El millonario conquistador de América

December 10, 2018

En un partido que sin duda quedará en la historia del fútbol mundial, los máximos exponentes de Argentina dirimieron la final de la Copa Libertadores en el Santiago Bernabeu. Luego de igualar en un gol durante los noventa, River fue más en el alargue y terminó siendo campeón por cuarta vez en su vida tras vencer por 3 a 1 a Boca Juniors.

Luego de interminables idas y vueltas donde por diferentes motivos tanto el primer partido como el segundo fueron postergados el día programado, finalmente hubo un campeón. El millonario fue superior e hizo la diferencia en el tiempo extra luego de otros noventa minutos por demás parejos donde se entregaron un tiempo para cada uno. River salió a la cancha con un 4-5-1 sin extranjeros, dejando al colombiano Quintero como pieza de recambio (también estaban Mora y Mayada que ingreso en el complemento). Marcelo Gallardo, suspendido y viendo el encuentro desde un palco, pobló el mediocampo con la idea de cortar la asociación de juego del Xeneize. Boca, de la misma manera, eligió ese esquema con los orientales Olaza y Nandez, siendo Barrios el único volante central. 

A los diez minutos, la primera aproximación fue para el último bicampeón de la Superliga. Un córner que llegó de un yerro de Maidana que casi termina en gol en contra derivó en un tiro de esquina que Boca ganó de arriba. La pelota quedó viva y el rebote cayó a la pierna derecha de Pablo Pérez al borde del área chica. El ex Newell's intentó una volea que terminó encontrando la inmensidad de Armani. Clarísima posibilidad.

Como un juego de ajedrez, ambos lados buscaron neutralizar las figuras de sus rivales. Con marca personal se podía observar a Enzo Pérez con su homónimo rival, al uruguayo Nandez con el joven Palacio, a Buffarini con Martinez y tanto el colombiano Villa como Pavón siendo volantes externos para colaborar con las subidas de los laterales.

Otra nítida situación de gol lo tuvo como protagonista nuevamente a Pérez. Luego de una mala salida en el fondo millonario, Nandez se la extirpó a Ponzio quien le cometió infracción a centímetros del área, frontal a arco. Benedetto se hizo cargo de la ejecución con una barrera superpoblada eligiendo el remate cruzado al ras del suelo intentando vulnerar el palo en el que se ubicaba el arquero ex Atlético Nacional. La pelota se desvió y cayó nuevamente en la pierna derecha del capitán Xeneize. Pérez la paró y remató cruzado de derecha donde, en una salvada providencial, Milton Casco desvió el trayecto de la pelota. Boca seguía perdonando y River atacaba como podía, o como su rival lo permitía. Sobre el final del primer tiempo, y luego de una jugada que Andrada se equivocó en la salida, los de Núñez pudieron haber abierto el marcador. Pavón recuperó la pelota oficiando casi de número cinco y nació la contra. Dos toques hasta llegar a Pérez, recepción y pase a Nandez y este, luego de trasladar unos metros, metió un pase filtrado magistral a Benedetto quien, con una gambeta sublime dejó en el camino a Maidana y frente a frente con Armani (verdugo en la última jugada en la Bombonera) abrió su pie derecho para definir con una categoría europea ante uno de las pocas desincronizaciones defensivas de La Banda. Poco quedaba para que terminen los primeros 45.

En el complemento, los primeros minutos fueron una continuidad de lo brindado en la primera etapa. Los dos intentando neutralizarse priorizando cuidar su valla antes que lastimar al rival, hasta que hubo un antes y un después. Biscay mandó a la cancha a Quintero y sacó a Ponzio. Esa osadía acabó con el orden que los de la Ribera mantuvieron desde el inicio hasta allí. El ingreso del colombiano fue clave. Desorganizó el mediocampo de su rival y comenzó a meterlo en su arco. El autor del gol se fue reemplazado por Ábila, quien claramente se notó que no estaba para jugar. Tanto el cambio de los de Núñez como este del centrodelantero, fueron determinantes para el desarrollo del partido. Boca se retrasó más de la cuenta y en una magnífica jugada asociada, Pratto terminó definiendo con su pierna derecha. De tanto buscar, River encontró su premio.

Con la igualdad, los millonarios siguieron en búsqueda del desnivel en el marcador. Barros Schelotto no tenía en los reemplazantes (en un pésimo armado de banco de suplentes donde tres de siete eran centrodelanteros, uno solo era volante como Gago y no había un jugador de marca) un volante mixto como Almendra, Chicco o mismo Cardona para poblar el centro del medio y no pudo sostener la ventaja. El físico pasó factura y con un River entero, ordenado pero más ambicioso que su rival, el 1 a 1 llevo la final al tiempo suplementario.

En los 30 los de Núñez fueron superiores. Ya los dos tenían miedo a perder y no se atacaban con tanta fluidez, pero el ingreso de Quintero ayudo a que Boca prácticamente no ataque. Los pases a Wanchope Ábila hacían que la pelota se perdiera rápidamente y por eso la tenencia era de La Banda. Pero hay un detalle a tener en cuenta. En el inicio del suplementario, el colombiano Barrios vio la segunda amonestación tras una imprudente plancha. Bien expulsado, dejó a su equipo con 10. 

Tras pasar los primeros 15 sin emociones, con uno buscando y el otro aguantando, Quintero rompió toda chance de que se llegue a los penales con uno de los mejores goles de la Copa. Nuevamente con una jugada asociada, River rompió el centro del campo y el ex Porto con su zurda te reventó el arco a Esteban Andrada que poco pudo hacer. La pelota pegó en el travesaño y se metió en el arco donde estaba la parcialidad Xeneize. Ese quiebre emocional desvirtuó lo que restaba. Boca intentó como pudo y a la adversidad del gol se le suma otra nueva lesión de gravedad de Gago. El volante hizo un mal movimiento y se retiró solo, llorando sabiendo que no era nada sencillo. El ex Real Madrid, se volvió a romper el tendón. Tercera lesión igual, y como anécdota del destino, las tres ante el mismo rival.

Con el último suspiro y siendo superado con claridad, Boca se jugó la heroica mandando de nueve a Izquierdoz y dejando de volante central al arquero Andrada. Una peinada del oriental Mayada y un palo tras una volea de Jara pudieron haber hecho historia y que el elenco de la Ribera llegue a los penales en lo que hubiera sido épico. Eso no ocurrió y en un tiro de esquina que todo Boca fue a buscar, River aprovechó y con un Martínez corriendo en soledad ante la parcialidad rival, estampó el 3-1 definitivo. River fue justo campeón, hizo historia y ya piensa en el mundial de clubes.

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